¿Quién los ve?

El fruto es el famoso el fotogénico del árbol, el que todos recuerdan y aclaman, roban y pagan. La flor es la que recuerdan, por sus colores y su belleza… pero nadie habla de la raíz, de esas eternas trabajadoras que se mantienen bajo el suelo, consiguiendo cada milímetro de construcción de la punta de ellas. Se expanden, pelean por el agua y la comida y se aferran a la vida. En silencio, en oscuridad, en contínuo trabajo sin saber bien lo que sucede arriba.

Vemos los cristales, los balcones, la iluminación; la estética de los muebles, la luz y los espacios… nadie habla de las columnas de acero, del cemento en bruto, de la base a metros bajo tierra fríamente calculada y en perfecta posición para que todo se sostenga. Nadie habla del trabajo bajo tierra, en los oscuro, en lo constante; donde nadie pinta las paredes, ni les aplaude a las trabes por su trabajo y belleza, nadie ve el continuo esfuerzo de mantener todo de pie.

Vemos nuestras caras, el fantástico movimiento de nuestros músculos, la magia de nuestro cuerpo en cada movimiento. Vemos los músculos, los colores, la estética, vemos el valor en la belleza. Pero quién ve los pies entercados en mantenerse en el suelo y pelearse contra la gravedad para poderse mover. Nadie dice nada de su fuerza y entereza para mantenerte dentro de la atmósfera pero cargar tu peso extremos cada vez que decides cambiar de punto. nadie habla de su trabajo constante, de su tarea infinita de cargarte la vida entera.