Los hilos han soltado las palabras.

Se están descosiendo los hilos, los nudos se están resbalando y todas las palabras están perdiéndose en la inmensidad del silencio.

Del corazón salían las palabras tejidas a nuestros latidos. Cada costura enmarca cada palabra y así las palabras tenían significado, profundidad y un lugar al que pertenecían; adentro. Los hilos nutrían los sonidos y los significados; hacían que cada frase tuviera una conexión y que al llegar a cualquier lado, por más filosa que fuera, siempre hubiera una sensación de alivio, sabiendo que se decía una verdad completa y que venía de un lugar profundo donde todo importaba.

Así, las palabras llegaban vivas y latiendo, sonando y bailando; a veces resolvían mares y tormentas, otros sólo resanaban colores, pero lo mucho o lo poco que hacían siempre dejaban vida.

Ahora los hilos no los hacen como antes, dicen que es por el aire que entra al corazón y por la sangre que se ha ido diluyendo entre miedos… el hilo ya no es tan resistente y por más que hacemos nudos y cambiamos los amarres, parece que ya no se quieren quedar ahí, ya no quieren decir la verdad, ni sentir cuando el corazón bombea lo profundo.

Somos pocos los que todavía tenemos esos hilos, y tratamos de hablar más, escribir más, cantar más, para que nuestros hilos abracen otros corazones, sostengan otras palabras… y de alguna manera hacer una red para que en algún momento las palabras sientan el rojo y quien volver a amarrarse.