Esa rara maña que tenemos los humanos, de querer entenderlo todo, de querer justificarlo todo. De encontrarle pies y cabeza, causa y consecuencia, de acomodar todo lo que sucede dentro de nuestras referencias, conocimientos, reglas y teorías.
Esas ganas de sentirnos con el control, con toda la claridad, con todo el conocimiento… esa esclavitud de querer saberlo todo.
Y entonces, a veces pasan cosas que no logramos entender, que no encontramos justificación, causa o forma, y nos esclavizamos a ellas, nos torturamos en pensamientos infinitos para encontrar y acomodarlo a nuestros planes, ideas y patrones, y entonces miramos sólo un punto que poco a poco nos roba la posibilidad de estar en paz.
¿Y si aceptamos que no sabemos?
¿Y si aceptamos que hay cosas que no vemos, que no alcanzamos, que no conocemos?
¿Y si nos rendimos a aceptarlo?
¿Y si tiempo después viéndolo de lejos, cambiando nuestra postura, estando en otro tiempo logramos tener un poco de claridad?
¿Y si aceptamos que hay cosas que pasan y que a lo mejor no nos dará esta vida en entenderlo en su totalidad? Porque a lo mejor no tenemos que entenderlo todo, y que está bien.
¿Y si aceptamos que el no entenderlo no nos quita poder, si no nos da el poder de elegir?
Y si aceptamos que las cosas simplemente son…