Los dragones son hijos de las nubes, hay nubes y dragones como femenino y masculino, pero no por distinción de sexos si no por opuestos para traer el equilibrio al cielo. Los dragones después de nacer, se quedan navegando entre las nubes; necesitan el frío, el viento y el agua para no consumirse con su propio fuego. Mientras, el calor que exhalan mueve las corrientes de aire que empujan las nubes y también las hace llover.
Los dragones siempre miran la Tierra, de vez cuando derriten rocas en las montañas o encienden hilos de cielo a tierra; siempre para traer el equilibrio a los dos polos del planeta. Pero, hay un tipo de dragones que nace diferente, uno que no puede dejar de anhelar sentir sus pies en la Tierra u oler los campos, uno que se obsesiona con poder sentir lo que es habitar ahí abajo… Esos no son peligrosos ni tan ardiente. Ellos escapan de las nubes y visitan los pueblos, los edificios, los lagos, los mares… a veces los confunden con aves o serpientes, otras con aire caliente, con monstruos marinos, con mareas rojas y algunos otros con humanos encendidos que causan fuego por donde pisan.
La realidad es que los dragones solo juegan y si, los puedes confundir con aves, humos, monstruos, mareas u otros humanos; pero la verdad es que cuando los alcanzas a mirar de frente te verás a ti mismo encendido en fuego como un microdragón.

