Tener el vacío siempre cerca, vivir a la orilla del acantilado saber que aunque a veces sepa mis pasos y vea el camino claro, en cualquier momento puedo lanzarme o ser lanzada al vacío.
Hacerme amigo de la caída libre, de soltarlo todo y cerrar los ojos, unas veces porque la sensación es deliciosa y otras porque ya no hay más pasos que dar.

